domingo, 12 de febrero de 2012
lunes, 26 de diciembre de 2011
Caminaras a las 11:45...
PoR LeO BauTisTa
Caminaras a las 11:54pm por la avenida, mientras el frio corta las mejillas, el invierno se despide. Sabes que nunca has de llegar, pero no lo dices, aceptarlo sería una muerte prematura. Doblaras en la esquina contraria con la intención de huir del presentimiento. Llegado al lugar miraras sus ojos y creerás que todo fue innecesario, pues todo está bien. Dejaras de respirar a las 12:15am. Y sabrás que nunca huiste, sólo llegabas.
lunes, 7 de marzo de 2011
Historia.
Número: 325 312 (y contando).
PoR LeO BauTisTa
Todos creían que era el número del apocalipsis. Habían retardado la publicación por más de 7 años, las letras ya eran impecables, sin embargo… todo se trastoco en aquella noche de súbitas sorpresas, de marcas inesperadas, de estragos atónitos en distancias silenciosas.
Todos creían que era el número del apocalipsis. Habían retardado la publicación por más de 7 años, las letras ya eran impecables, sin embargo… todo se trastoco en aquella noche de súbitas sorpresas, de marcas inesperadas, de estragos atónitos en distancias silenciosas.
Sin esperarlo, en un espasmo angustioso, en un suspenso citadino de los que a veces ocurren cuando dos almas se han quebrado en sollozos, todo se transformo: brotaban como un mar profundo de sus ojos, eran más que simples lágrimas, eran la fuente de todo conocimiento.
Lentamente inundaron las páginas de aquella publicación tardía (en el fondo anodina pues no revelaban verdad alguna). Eran 22 121 216 golpes, 22 121 216 gotitas que pintaban todas esas páginas de nuevo; un tanto de páginas y todas decían lo mismo:
“Sueños que espantan, sueños que seducen, sueños que se van volando”
Para ser exactos, la frase se repetía 325 312 veces. Las hojas ocupaban un altero del escritorio y dos cajones llenos de sueños frustrados, eran un mar en el cual todo navegante era cautivado por el olvido… No había vuelta atrás, todas las palabras antes escritas se habían esfumado, el agua de aquellos ojos de océano impalpable lo habían dicho todo de nuevo, aunque ahora lo decían distinto, desde aquel silencio vacuo.
…A veces pasa así, a veces es el amanecer el que guarda 22 121 216 sorpresas que esperan ser escritas en 325 312 frases, que algún ocaso distinto en un tiempo distante, habrán de rescribir con risas ecuánimes o lagrimas profundas… La historia es así, es así la de los hombres y las mujeres, que buscan en sus confusas emociones una cotidianeidad plausible; que guardan alguna esperanza mientras abordan un tren subterráneo, o transitan en alguna avenida.
Nunca me gusto escribir con números, porque me parecen incalculables las ideas y frías las exageraciones, nunca quise decirlo así, desde la cuadratura de las medidas en que algunos abortos espantan a los muertos y algunos muertos provocan abortos…
Aquella noche de sorpresas debía nacer una publicación con 7 años de antigüedad, de elaborados recovecos; que así, en segundos, se rescribió de entre los sueños voladores, para ser dichos, una vez más, los abortos fríos de aquel que escribe, descubriendo el espanto de soñar y sucediendo al seguir royendo viejos sueños.
Foto: Miguel Santin.
Etiquetas:
conocimiento,
escribir,
escritorio,
espera,
exactos,
frase,
historia,
hojas,
medidas,
noche,
ojos,
publicación,
soñar,
sorpresas,
sueños,
suspenso
jueves, 24 de febrero de 2011
Lo siento...
PoR LeO BauTisTa
Porque a veces es primero el verbo,
sin embargo es antes la acción.
Hoy te escribo sin pensarlo,
sin embargo es antes la acción.
Hoy te escribo sin pensarlo,
te pienso hoy sin escribirlo…
Lo siento, siento que no sentí lo suficiente como para acompañarte, pero también siento que te siento, y siento que me sientes cuando te siento... Siento que sientes que te siento y entonces tú también me sientes cuando siento que tú me sientes... Te siento y sé que siento y sé que quiero, sé que quiero seguir sintiendo... Quiero mil cacofonías contigo, para escribir deseando que desees mi deseo, para decir quiero, que te quiero cuando quiero quererte…Y repetir hasta la ceguera el verbo mirarte y mirarte cuando miras que te miro. Miro ahora que te quiero y quiero ahora mismo mirarte, porque siento algo que no se sí quiero, mientras miro que quiero sin mirarte… Entonces vuelvo a sentirlo por quererte, pues quiero no sentirte cuando salgo. Es así un mar de ruidos incesantes, este mar volcado, este sueño errante. Lo siento pero no lo siento tano y es entonces un placer el continuar queriendo cuando siento y sintiendo sin quererlo. Te siento pero lo siento, y te miro sin quererlo mientras otra vez lo siento. No quiero que tu mires que te quiero, más tampoco quiero que tu sientas que no quiero, porque siento que cada vez más quiero y entonces miro sin quererlo un desastre. Soy el viento hirviente de la noche mientras tu un remanso de aguas claras fulgurantes… Pero entonces, ¿quieres?,¿ sientes? Mira que lo siento y que quiero seguir en esta ronda sintiendo que te quiero y mirando que te siento, pero entonces por favor siénteme despacio y quiere siempre en libertad de sentir lo que quieras y mirar lo que sientes con el viento abierto y el mar vibrante. Quiere lo que quieras y siente más aún lo que quieras. Mira lo que sientes, para entonces ser libre y simplemente quieras… Te quiero mucho y enserio siento tanto, que no quiero; mientras miro tanto lo que siento y más quiero.
Etiquetas:
acción,
cacofonías,
escribir,
LeO BauTisTa,
libre,
miro,
pensar,
querer,
quiero,
sentir,
sentirlo,
siento,
verbo,
viento
lunes, 21 de febrero de 2011
Desconocidos
PoR LeO BauTisTa

Seguíamos siendo dos desconocidos al cruzar la calle. Después de las danzas y las miradas, seguíamos siendo dos desconocidos jugando entre luces de la ciudad.
Jugamos el juego de conocernos con las manos que acarician, de amarnos en silencio, dejando a la piel hablar entre las sabanas.
Podemos jugar el juego de los desconocidos que se aman, podemos valuar el tiempo perdido entre el trafago incesante, pero no podemos jugar a perder el significado de lo efímero, no debemos perder el significante del valor, ni menos la significación de lo nuestro, de lo propio, lo demás siempre será ajeno.
Tú sigues solo, en tu espacio, mientras yo vago algunas calles nuevas. Pero es cierto, somos desconocidos abrazando la coincidencia sin límite y entonces dejamos de ser cualquiera. Porque no puede ser nadie más, porque el signo es único cada vez, porque el signo es un silencio en que miras mis ojos y crees ver el mar, en que escucho en tus labios una promesa rota.
Tú, siempre alguna vez con nombre propio que muta en el tiempo, eres sólo el otro hechizo de mi amor propio, de mis ilusiones y deseos… Somos el espejo de los otros que se miran a través de nuestros hechos. Somos la ilusión de todos los tiempos, conjugando el mismo verbo en un presente distinto.
Somos el futuro hasta que cambiamos de nombre y somos el pasado hasta que soltamos el duelo.
- Jugamos a los desconocidos…
- Pero no a los cualquiera.
- Nunca, somos únicos en cada vez.
- Jugamos a los desconocidos.
Y es crudo decir que hemos sido tantas veces el otro desconocido, pero es un dulce consuelo saber que somos únicos y no cualquiera. Porque al ser únicos, podemos entonces ser desconocidos, porque cada vez mutamos, sea de nombre o de esencia…
Jugamos el juego de conocernos con las manos que acarician, de amarnos en silencio, dejando a la piel hablar entre las sabanas.
Podemos jugar el juego de los desconocidos que se aman, podemos valuar el tiempo perdido entre el trafago incesante, pero no podemos jugar a perder el significado de lo efímero, no debemos perder el significante del valor, ni menos la significación de lo nuestro, de lo propio, lo demás siempre será ajeno.
Tú sigues solo, en tu espacio, mientras yo vago algunas calles nuevas. Pero es cierto, somos desconocidos abrazando la coincidencia sin límite y entonces dejamos de ser cualquiera. Porque no puede ser nadie más, porque el signo es único cada vez, porque el signo es un silencio en que miras mis ojos y crees ver el mar, en que escucho en tus labios una promesa rota.
Tú, siempre alguna vez con nombre propio que muta en el tiempo, eres sólo el otro hechizo de mi amor propio, de mis ilusiones y deseos… Somos el espejo de los otros que se miran a través de nuestros hechos. Somos la ilusión de todos los tiempos, conjugando el mismo verbo en un presente distinto.
Somos el futuro hasta que cambiamos de nombre y somos el pasado hasta que soltamos el duelo.
- Jugamos a los desconocidos…
- Pero no a los cualquiera.
- Nunca, somos únicos en cada vez.
- Jugamos a los desconocidos.
Y es crudo decir que hemos sido tantas veces el otro desconocido, pero es un dulce consuelo saber que somos únicos y no cualquiera. Porque al ser únicos, podemos entonces ser desconocidos, porque cada vez mutamos, sea de nombre o de esencia…
lunes, 7 de febrero de 2011
Yo confieso...
PoR LeO BauTisTa
Hace un tiempo la pluma no arrebata los suspiros de mi alma, hay sólo pequeños silencios acumulados, en los que descubro los rastros de mi evasión.
Hace un tiempo la pluma no arrebata los suspiros de mi alma, hay sólo pequeños silencios acumulados, en los que descubro los rastros de mi evasión.
No quiero verme en el espejo porque temo encontrar sólo los restos putrefactos de un ser ilusorio que no existió jamás. Soy un juego de conciencia; ahí voy de nuevo jugando a la poesía para no decir quién soy. Simplemente aprendí bien el juego de la evasión, la traicionera sublimación de mis deseos.
Hoy lo dije, no quiero nombrarte, no quiero verte, pero no es que hubiese algo mal, simplemente estoy aquí, sólo, triste, sintiendo mi piel desgarrada con los recuerdos, sintiendo ya no hay más sentido, pensando el futuro es incierto casi en la totalidad, aunque mi soledad y mi muerte son las únicas certezas.
Ahora lloro una vez más porque no termino de soltarme. Tengo miedo.
Perdona, si callo es porque aún me importas, si huyo, si me escondo, es porque no quiero enfrentarlo, porque quisiera que la invención en mi mente sobre de alguna esperanza es cierta, pero no es así, lo supe siempre: soy experto en engañarme.
…Yo confieso, extraño tus besos y hasta sueño con ellos. Lo confieso, me odio en este estado en el que sólo puedo pensar en ti.
Yo confieso, leo los libros que leías para intentar tenerte cerca, para entenderte. A veces uso tu camisa la cual me regalaste, imagino aún me abrazas. Otros días me peino contra mi voluntad para no verme tentado a hurgar con mis dedos mi cabeza, entonces pienso que jamás me despeinaste. Ahora al abordar el metro, mi postura al ir sentado es distinta, para no evocar tu rostro mirando mis pies chuecos en el subterráneo.
Yo confieso que he callado porque no puedo fluir; me obligo a hacerlo y más duele, más me pierdo: en los actos es tan claro, todo ya estaba pensado.
Y ahora me siento desnudo, avergonzado, furioso del patético romance que debía haber muerto hace unos siglos, olvido a veces que el realismo y el naturalismo nos sucedieron, pero inevitablemente crecí entre historias de melodramas: el capitalismo nos ha enseñado el amor tiene un precio, mientras la vida nos dice el amor permuta… se transforma; en su ubicuidad desaparece, danza de un estado a otro.
Juegos de conciencia en los que confieso mi debilidad, letras y llantos silenciosos que conjugan un estado anónimo, inusual.
Yo confieso que estoy aquí, confundido, abandonado, deseando simplemente paz.
Etiquetas:
amor,
besos,
conciencia,
confieso,
danza,
desnuto,
esperanza,
estado,
experto,
fluir,
juegos,
LeO BauTisTa,
letras,
llanto,
paz,
sueño,
ubicuidad
lunes, 24 de enero de 2011
Domingo
PoR LeO BauTisTa
Buscaba en el café la respuesta, juntaba con ansiedad y esmero aquellos granos al final de la taza esperando ver ahí su impreciso futuro, deseaba la paz de su ansiedad: al final la autoridad sería conferida a la suerte y nunca más a los padres, el poder lo tomarían los granos que se perderían en algún lejano lavabo, la realidad sería un sueño inolvidable por el cual seguir respirando.
Quería explotar pero aun así no dejo de caminar, llego hasta la puerta del atardecer sentado en un café. De pronto se sorprendió ahí solo en medio del tránsito dominical. No sabía que seguiría. Quería en su taza, al final de un sorbo sutil, una respuesta. Se dio cuenta que adolecía.
Recordó aquel príncipe silente que alucinaba con fantasmas y veía a su padre muerto en los reflejos de la noche. Recordó la semana pasada en que deseaba amar por siempre, hasta que algo simplemente dejo de funcionar. No pudo evitar sentir de nuevo las caricias del primer amor y sufrir la ausencia. Pensó en su infancia y en los juegos paternales que lo llenaban de paz.
Entonces el tiempo fue claro y la incertidumbre de sus pasos lo fue más.
Hoy no fue a misa, la abuela lo espero sentada a la salida para caminar por la colonia, dejo de comprar flores. Hoy, él, se dio a la ciudad. Llevo sus pies por el centro para terminar ahí, sentado, decidiendo su mañana.
Ha caído la noche y acaece su dolor, tomara el metro a las 7:15 pm. rumbo a casa, con la calma de un domingo más, con las dudas del último año, con la soledad que eligió sin ser consciente, con la ausencia de sí mismo en el cigarrillo de las 8:21 pm.
Mañana al despertar será él, será igual, será.
lunes, 27 de diciembre de 2010
Clitemnestra
PoR LeO BauTisTa
Era el vacio de las 7:53 pm, el de las horas en que el café se enfría y el cigarrillo ansioso espera, ella nunca imagino que ese día asesinaría al amor de su vida. Camino con precaución sin hacer el menor ruido, tenía un cuchillo de cocina, de los grandes con los cuales se filetea carne y que tienen unos pequeños orificios en la punta. Ella sabía que el aire penetraría más fácil en el flujo sanguíneo y así podría provocar también un paro cardiaco. Ansiaba poder ver su sangre derramada escurriendo por la habitación y poder sentir al fin que todo había sido saldado, que cada promesa rota se había cumplido y que el tiempo podría esperar sin duda un nuevo amor.
Egisto, pensó en Egisto.
Ahora está de pie ante la cama, las sedas blancas sedientas de sangre la incitan a dar el golpe certero y final en la yugular. Pero no puede. Lo odia demasiado porque su amor no cabe más en su pecho, se agita voluptuoso, impidiendo incluso respirar. No puede hacerlo. Se paraliza. Era mejor tejer una espera como aquella Penélope de Ítaca, Era mejor odiarlo por su hija muerta. Era mejor porque en todas esas verdades, donde se encontraba sola con sus recuerdos, no tenia de frente el aliento suave y dulce de su amado, con el cual había soñado la gloria eterna y por él cual había dado a luz a tres hijos. Esta llorando. Sabe que es el final.
Nunca imagino en ese sosegado impulso, que sería la última vez en que lo vería, que sería la última caricia un espasmo de muerte; la última mirada seria un aullido de auxilio. Nunca pensó en el juicio y en la persecución, menos pudo prever su propia muerte.
Al final, ella también murió de amor, también en soledad.
jueves, 23 de diciembre de 2010
Mapoide
PoR LeO BauTisTa
…Dice la filosofía del elefante,
Si no puede ser no puede ser…
José Saramago, “El viaje del elefante”
Estaba caminando, sé que estaba caminando. No, espera, corría. ¡Estaba corriendo! No. No, estábamos sentados en un parque. Yo la verdad es que solamente hablaba por teléfono, era una simple voz al otro lado. No. Estaba sentado. Estaba parado frente a una funeraria. Bueno es que tal vez estaba recargado en un curioso y pequeño automóvil eléctrico, de estos muy modernos ecológicos que parecen de juguete por los materiales, tan ligeros, con los cuales han sido construidos. Sí, era una funeraria. Llevábamos ya varios días caminando sin sentido, sin sabernos. Yo unas cuantas horas atrás había soñado con las botellas de vino y la casa nueva, con el hermoso Galleta sentado a los pies de la mesa. Pero estaba demasiado consternado y bloqueado como para poder decir que era real. Siempre he dicho que amo las fantasías. Creo que toda mi vida ha sido una hermosa fantasía. Lo cual significa que no sé que es real, que no sé si esto es real, si estas palabras son palabras. Quiero pensar que esto se llama locura. Suena coherente decir que se ha perdido el principio de realidad, el principio ordenador de pensamiento, que sumado a la hipersensibilidad sobre informada característica del siglo XXI, forman una compleja esquizofrenia que no es la misma de antiguos tiempos como el XIX; sino que provee de un dinamismo capitalista en la búsqueda de lo mejor, la constante comparación mercantil: no es que sea uno romántico, sino que es uno capitalista, en busca del valor más apropiado, más exclusivo y por arriba de toda expectativa, el tesoro… Nos angustia el presente en la medida que somos Islas. Islas del tesoro perdido.
Suena tan Deleuze este discurso, podría decir que mi diagnostico va más allá de un Antiedipo (Orestiano) de complejos suicidas homosexuales, podría decir que soy esquizofrénico y tal vez mi sociopatía favorita sea la de jugar a los carros chocones en pleno periférico.
Debo confesar que estoy caminando sin rumbo, perdí el norte, el sur, el este, el oeste, el centro, el arriba, el abajo: soy un kinestecico desmembrado. También podría ser un Fenicio en altamar perdido ante la inmensidad de la bóveda celeste, cuestionando la insignificancia, esperando reconstruir el sentido de la vida en algún puerto del cual poder tomar los mejores tesoros a cambio de los propios; y así volver a casa si el mar lo dispone, si las estrellas se ven para ser guiado. Dejar lo mejor de mí, tomar lo mejor del otro, o por lo menos convencer al otro de que eso es lo mejor sólo por que le es desconocido y que a su vez yo reciba el engaño de su mejor, sólo por que yo desconozco. Intercambios justos. ¿Qué es lo mejor? Dejar lo que se es y tomar lo que se es. Ser. Que complicado es el sentido romántico. Sería más fácil ponernos precio. Valgo yo por un amor y vales tú por un tiempo. O viceversa.
Era una funeraria muy cómoda, lastima que no estaba yo en un ataúd. Eran unos mapas muy divertidos, eran engaños muy únicos. “Hoy saldré de viaje, no sé a dónde voy, no sé con quien voy, pero estoy seguro de que hoy saldré de viaje”, llevo ya un mapoide que compre en un establo antiguo, entre un mar perdido y la gran ciudad. Me reciclo con el tiempo. Y sigo la fantasía que este mundo, en este día, llama voz.
…Dice la filosofía del elefante,
Si no puede ser no puede ser…
José Saramago, “El viaje del elefante”
Estaba caminando, sé que estaba caminando. No, espera, corría. ¡Estaba corriendo! No. No, estábamos sentados en un parque. Yo la verdad es que solamente hablaba por teléfono, era una simple voz al otro lado. No. Estaba sentado. Estaba parado frente a una funeraria. Bueno es que tal vez estaba recargado en un curioso y pequeño automóvil eléctrico, de estos muy modernos ecológicos que parecen de juguete por los materiales, tan ligeros, con los cuales han sido construidos. Sí, era una funeraria. Llevábamos ya varios días caminando sin sentido, sin sabernos. Yo unas cuantas horas atrás había soñado con las botellas de vino y la casa nueva, con el hermoso Galleta sentado a los pies de la mesa. Pero estaba demasiado consternado y bloqueado como para poder decir que era real. Siempre he dicho que amo las fantasías. Creo que toda mi vida ha sido una hermosa fantasía. Lo cual significa que no sé que es real, que no sé si esto es real, si estas palabras son palabras. Quiero pensar que esto se llama locura. Suena coherente decir que se ha perdido el principio de realidad, el principio ordenador de pensamiento, que sumado a la hipersensibilidad sobre informada característica del siglo XXI, forman una compleja esquizofrenia que no es la misma de antiguos tiempos como el XIX; sino que provee de un dinamismo capitalista en la búsqueda de lo mejor, la constante comparación mercantil: no es que sea uno romántico, sino que es uno capitalista, en busca del valor más apropiado, más exclusivo y por arriba de toda expectativa, el tesoro… Nos angustia el presente en la medida que somos Islas. Islas del tesoro perdido.
Suena tan Deleuze este discurso, podría decir que mi diagnostico va más allá de un Antiedipo (Orestiano) de complejos suicidas homosexuales, podría decir que soy esquizofrénico y tal vez mi sociopatía favorita sea la de jugar a los carros chocones en pleno periférico.
Debo confesar que estoy caminando sin rumbo, perdí el norte, el sur, el este, el oeste, el centro, el arriba, el abajo: soy un kinestecico desmembrado. También podría ser un Fenicio en altamar perdido ante la inmensidad de la bóveda celeste, cuestionando la insignificancia, esperando reconstruir el sentido de la vida en algún puerto del cual poder tomar los mejores tesoros a cambio de los propios; y así volver a casa si el mar lo dispone, si las estrellas se ven para ser guiado. Dejar lo mejor de mí, tomar lo mejor del otro, o por lo menos convencer al otro de que eso es lo mejor sólo por que le es desconocido y que a su vez yo reciba el engaño de su mejor, sólo por que yo desconozco. Intercambios justos. ¿Qué es lo mejor? Dejar lo que se es y tomar lo que se es. Ser. Que complicado es el sentido romántico. Sería más fácil ponernos precio. Valgo yo por un amor y vales tú por un tiempo. O viceversa.
Era una funeraria muy cómoda, lastima que no estaba yo en un ataúd. Eran unos mapas muy divertidos, eran engaños muy únicos. “Hoy saldré de viaje, no sé a dónde voy, no sé con quien voy, pero estoy seguro de que hoy saldré de viaje”, llevo ya un mapoide que compre en un establo antiguo, entre un mar perdido y la gran ciudad. Me reciclo con el tiempo. Y sigo la fantasía que este mundo, en este día, llama voz.
Etiquetas:
amor,
caminar,
confesar,
Deleuze,
discurso,
esquizofrénico,
fantasía,
favorita,
fenicio,
José Saramago,
jugar,
kinestécico,
mundo,
rumbo,
tesoro,
tiempo,
viaje,
voz
lunes, 13 de diciembre de 2010
Partida en juego
PoR LeO BauTisTa
Siempre en algùn cruce del tiempo
es posible reiniciar. Resetear la historia.
Somos el "Ctrl Z" del siglo.
Como viajero, cargar con lo indispensable debe ser considerado antes de migrar por causa de la guerra. Esa noche empaque agua, latas, un par de playeras, calzoncillos. Mi muda vigente, la cámara y toda fuerza que quedaba después de ver mi ciudad derruida.
En ese momento no tenía nada que perder, mi madre había muerto en la última ola de infecciones por las condiciones infrahumanas de los hospitales. Antes mi padre y mi hermano eran ya sangre para la tierra. Nadie nunca entenderá lo que significa ver tu propia sangre derramada en el asfalo a mitad de la calle, cualquiera.
Por lo demas siempre fui un viajero, siempre incansable en la búsqueda, voraz en las rutas, dentro de todo ecuánime: al menos podía llorar sin detener el paso, andar al mismo ritmo que los otros. De una soledad impecable, pulcra, siempre recatada, el carácter nato de los que huyen, de los que exploran, de quienes se van yendo.
Cargue la cámara, agua, sueños, muertos frescos, fantasmas, rostros, añoranzas... y partí. Nunca pensé esa partida sería ganada tan dolorosamente: sería el inicio. Caballo mata a Alfil, Reyna pone en jaque a Rey. Esa partida fue el inicio.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
